PROBLEMAS EN LOS MERCADOS DE CO2 Y UNA POSIBLE ALTERNATIVA

9 de enero de 2025

Nos encontramos en una etapa en la que los servicios ecosistémicos están teniendo cada vez más relevancia en las esferas tanto públicas como privadas. Este concepto tiene cada vez mayor protagonismo en las conferencias climáticas y de biodiversidad.

Los servicios ecosistémicos, entendidos como los servicios que nos presta la naturaleza, son numerosos, pero esta gran variedad ha sido normalmente opacada por uno de ellos, el secuestro de CO2. La aceleración de los impactos negativos del cambio climático puso el foco en la reducción de gases de efecto invernadero, poniendo por tanto en primera línea al servicio ecosistémico el secuestro de CO2 a través de sumideros naturales. Tanto es el foco sobre este servicio que han surgido en torno a él mercados internacionales y nacionales de carácter tanto voluntario como regulado.

La cumbre climática número 26 (COP26) que tuvo lugar en Glasgow fue la catalizadora  en paliar la crisis climática a base de reforestaciones a gran escala. A pesar del atractivo de devolver parte de la tierra a los bosques, en muchas ocasiones estas reforestaciones han sido llevadas a cabo sin una planificación previa para estar en sintonía con los ecosistemas locales. Un ejemplo claro es la introducción de especies exóticas como el eucalipto, cuyo crecimiento rápido y recto la convierte en la especie preferida  por la captura de CO2 y por el aprovechamiento de su madera, pero que, sin embargo, también la convierte en un enemigo de otros servicios ecosistémicos.

Hay estudios que demuestran que los eucaliptos tienen un consumo desmedido de agua, y no regulan tan bien el caudal hídrico como los bosques naturales. Este consumo abundante de agua le hace entrar en feroz competencia con la vegetación rasante en épocas de escasez, eliminándola y ocasionando así de forma indirecta una mayor erosión del suelo.

La reforestación a gran escala puede ser también contraproducente para la propia reducción de emisiones de CO2 si no se realiza un seguimiento de las hectáreas reforestadas. Sin ir más lejos, en el verano de 2022 en Ateca (Zaragoza) se originó un incendio debido a labores de restauración forestal  a través de una empresa, llegando a afectar a 14.000 hectáreas con la liberación de toneladas de CO2 que esto conlleva. Este verano California sufrió la pérdida de unas 18.000 hectáreas de árboles registrados en un proyecto de compensación de CO2, con incendios similares en Washington y Nuevo México. Mientras que la media del número de fuegos estaba en línea con la de los últimos 5 años, el número de hectáreas quemadas no, pudiendo inferirse que las reforestaciones habían aumentado la escala de los incendios.

Por último, y más allá de las reforestaciones, otro tipo de créditos que ha generado mucho revuelo en los últimos años son los denominados REDD+. Este tipo de créditos se basan en la reducción de emisiones a través de la prevención de las deforestaciones y han facilitado la aparición de los llamados cowboys del carbon, intermediarios del mercado que ofrecen el desarrollo de proyectos con potenciales retornos para estas comunidades, pero con una falta considerable de transparencia. Se reportan proyectos con este tipo de problemas en sumideros naturales de todo el mundo como Papua Nueva Guinea, Brasil y quizás el más sonado, el proyecto de Kariba en Zimbabwe. Figuras públicas como la ministra de medio ambiente de Brasil advirtió sobre el peligro de estos créditos para la reputación del mercado Voluntario de CO2.

Para completar la analogía, la poca planificación manifestada a través de la introducción de especies comerciales, la plantación en zonas vulnerables y la poca transparencia mostrada para los guardianes de estos sumideros, ha generado un ambiente llamado salvaje oeste por ambientalistas. Estas prácticas perversas son incentivadas por la existencia de unos mercados de CO2 voluntarios cuya regulación está en constante desarrollo y por el empuje de unas empresas que priorizan la vía de la compensación en lugar de la reducción de su huella ambiental en su cadena de valor.

Biocarbon Estates busca paliar estas deficiencias ofreciendo un producto sostenido por una metodología que tiene en cuenta las actividades realizadas de forma sostenibles por los que trabajan la tierra y cuya valoración va más allá del CO2 secuestrado, teniendo en cuenta otros servicios ecosistémicos al igual que los agentes que los prestan.

Además, tenemos un compromiso con el mantenimiento de los reservorios de biodiversidad ya existentes. Para ello, nos acogemos a la visión de muchos expertos de que España no necesita más árboles. Contamos con unos 7.500 millones de árboles, responsables de la captura de un cuarto de las emisiones emitidas y que nos sitúan en el segundo puesto en Europa en cuanto a espacios verdes. No obstante, esta superficie se ve amenazada por la falta de gestión debido a la alta despoblación que sufren estos municipios. Buscamos revertir esta tendencia, retribuyendo justamente a las poblaciones locales, asegurándonos por tanto de que el impacto ambiental va de la mano con el impacto social.